
Un pan en la bolsa de papel, calientito y con la concha dorada es una verdadera tentación; merece respeto, admiración; despierta el deseo y una pasión incontrolable, permitida, tanto que no importa cuánto esfuerzo uno haya hecho por mantener la línea, simplemente un pan recién salido del horno hace que uno piense que la dieta puede irse al carajo.
Hacer que la mantequilla se derrita sobre el cuerpo tibio del pan es uno de los actos que más se parece al oficio de ser Dios, porque sólo un ser supremo puede lograr que dos naturalezas tan diferentes se complementen de esa forma sublime y perfecta.
Todo eso pensaba la noche en que camino a casa le cedí mi tan preciado puesto en el metro a la bolsa de pan que llevaba un señor.
2 comentarios:
jajajajajaj... casualmente ayer iba en un bus y a mi lado una niñita llevaba una bolsa con panes.. uno de ellos tenía un hoyo tan profundo de picotear y picotear pedacitos.. que ese pancito ya podia rellenarse desde arriba.... jajajajaj EXCELENTE AMIGA.. ME ENCANTA LEERTE....
si estoy de acuerdo full....imaginate comprar el pan ...irte para tu casa en tu carro con los vidrios cerrados ,el aire prendido ...y el olor a pan recien salido del horno es una divinidad y por ende el respectivo picotaso ......ja ja exquisito.
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