
sábado, 11 de septiembre de 2010
El bien oculto

jueves, 2 de septiembre de 2010
Gatos sin bigotes
Siempre escuché que si uno le cortaba los bigotes a un gato éste se volvía loco. ¡Claro! al ser ignorante en la materia gatuna, me creí el cuento. Hace casi tres meses adopté a una hermosa gata negra, Hexe es su nombre y significa “Bruja” en alemán, pero esa es otra historia. La que tiene que ver con ésta es el asunto de los bigotes.
Una de las cosas que me preocupaba de llevar a Hexe a la casa era que mi hijo pequeño cayera en la tentación de cortarle los bigotes, razón por la cual escondí las tijeras y le di una larga charla sobre lo que podría ocurrir si el gato se vuelve loco, desde cómo se convertiría en vampiro después de chuparle la sangre de su yugular brincona mientras él duerme, hasta cómo nuestra gata podría perder el recuerdo de dónde queda su caja de arena y confundirla con la caja de juguetes. Guillermo me creyó.
En medio de mi inquietud por darle una buena crianza a Hexe comencé a documentarme sobre el cuidado de los gatos, ¡y qué creen! no resistí averiguar si era cierto lo de la locura por falta de bigotes. En efecto, si a un gato se le cortan los bigotes enloquece, cito: “Los bigotes del gato son verdaderos sensores que entregan al animal importante información de su entorno inmediato. Nunca deben ser recortados, pues con ello se estaría afectando la seguridad, los movimientos y la orientación del gato”. Sin desestimar las posibles transformaciones que ya le había relatado a mi hijo, compartí con él esta información, así cuando él dijera que su gata podía volverse vampira pero al mismo tiempo hablara del asunto de los sensores, lo primero parecería la inocente conclusión de un niño de 7 años afectado por la televisión y lo segundo, tan razonable, salvaría su reputación.
En la foto, Hexe, en su posición de “Maja Peluda” y la cita es de http://www.mascotas.org/gatos/cuidados_basicos_de_los_gatos.html
¡Ese puesto es mío!
Hace días estaba en el campo de béisbol donde practica mi hijo Guille y me llamó la atención que mientras todos los representantes y acompañantes estábamos sentados en el piso, en la grama y en los muritos de construcciones inacabadas, el único asiento disponible lo ocupaba un perro.jueves, 6 de mayo de 2010
¡Quién fuera mocho!

La rutina del mocho hasta hoy siempre fue la misma: entrar al vagón, transitar muy rápido por los estrechos pasillos mientras grita su pregón envuelto en miseria y mueve constantemente una botella plástica que alguna vez tuvo refresco (de esas de 600 ml) y que ahora, con el pico cortado casi a dentelladas, contiene unas cuantas monedas que él hace sonar una y otra vez. Sin embargo algo hizo que el mocho, tal vez por culpa de Mercurio retrógrado, caminara más lento que de costumbre y se detuviera debajo de unas inmensas nalgas empaquetadas en un pantalón blanco e hilo dental. Sin reserva alguna, con un descaro e ingenuidad que hacía tiempo no observaba, él las contempló desde su perspectiva privilegiada, si se piensa en el hecho, y les dedicó un intento de poema tan goloso como soez. Vi sus manos a punto de aferrarse a esas montañas flotantes, pero él prefirió hacer sonar nuevamente la botella para disimular el ruido de su corazón que podía escucharse por encima de su voz.
La emoción de hoy le valió más billetes que monedas por parte del público masculino… y la expresión de un cómplice anónimo que no se aguantó la frase de ¡quién fuera mocho!
En la foto, otro de los carteles curiosos del zapatero que trabaja cerca de la casa de mi papá.
miércoles, 7 de abril de 2010
Los fruteros de estas calles…
Venezuela es tierra de frutas exóticas, de metáforas de frutas, de eufemismos frutales. Estas calles son de los fruteros, de los de profesión, de los de oficio, de los poetas, de los piropeadores, de los árboles de mango en cualquier avenida. Llegó abril y con él los camiones cargados de frutas que se venden, a punta de megáfono y robo de sueño tempranero, en las avenidas de las zonas populares. Abril y sus frutas reviven el imaginario eufemístico de estas mentes golosas y obsesivas por un par de cocos o de melones debajo de cualquier blusa; por las patillas al final de la espalda, por cualquier boca de guayaba dulce.
Cuando los árboles de las avenidas cobran venganza y nos devuelven el maltrato del smog en forma de millones de mangos que se descomponen en las aceras, algo mágico ocurre en la ciudad. Caracas se perfuma y se adorna de gemas amarillas y los caraqueños se contaminan de una sensualidad frutal que muchas veces llega a las fronteras de la escatología. De pronto las mujeres son mangos también y los hombres insisten en querer llegar hasta la semilla, aunque sea con palabras callejeras.
En abril todo huele a frutas…
En la imagen, los fruteros que están a la salida del Metro, muy cerca de mi casa.
De nuevo nos acompaña Oscar D’León, esta vez con el frutero, ¡disfrútenlo!
miércoles, 27 de enero de 2010
Sobre perros y calles


A veces quisiera ser un perro callejero.
sábado, 7 de noviembre de 2009
Como merengue para suspiro
Sobre los venezolanos se dicen tantas cosas… entre muchas de ellas: que si somos querendones, que si de todo sacamos un chiste, que somos tan dulces … y es verdad, además de ser particulares incluso entre los latinoamericanos. Todo eso tiene una razón, nos han hecho ser así y eso es indiscutible. En Venezuela, los procesos que deberían ser normales, o que por lo menos son comunes en otras partes del mundo, se resuelven con métodos muy sui generis y muchas veces por el camino más difícil, razón por la cual, al estar tan acostumbrados a transitar por el camino tortuoso y en el intento de no morir de estrés, de todo hacemos un comentario jocoso, siempre con el argumento de que hay que reírse de la desgracia si no se puede hacer nada en contra de ella.
Somos muy dulces, de eso no cabe duda. En cada región de este país hay una característica típica que se resume en un hablar muy dulce, como el de los andinos; en un humor tan cálido y kinestésico –que incluye abrazos, besos y cualquier otro tipo de contacto humano y se convierte en dulce- como el de los zulianos, o en la dulzura y hospitalidad de los orientales. Caracas no escapa de esa confitería humana, sólo que en la ciudad capital el fenómeno ha traspasado las barreras de lo subjetivo y ha tocado el terreno de lo físico. Dada la superpoblación que tenemos y los altos niveles de agresividad por falta de espacio, de modales y de ciudadanía, el Metro, siempre pensando en el bienestar de sus usuarios y con sus refinadas e innovadoras estrategias de soluciones, ha diseñado un plan para sacarnos la melaza, pero de verdad verdad. Lo entendí muy bien cuando en los niveles más elevados de congestión de pasajeros, sin aire acondicionado en los vagones, una sabia voz gritó: -“Dios mío, esto es un horno”. Ese simple y decente quejido reveló el plan secreto. “Nos están deshidratando para garantizar nuestro reconocido estatus de dulces en el mundo, nos están haciendo conserva”, me dije, es igual al proceso que usan con las deliciosas frutas deshidratadas que compro siempre en la tienda naturista; nos tratan como merengue para suspiro… ¡¡¡Claaaaro!!! ¡Esa es la explicación por la cual cuando hay tanta gente el aire está apagado!, y yo tan mal intencionada creyendo que era la ejecución caprichosa de una mente sádica que gozaba asfixiando a los usuarios, o que gracias a la terrible planificación nunca le hacen mantenimiento preventivo a los equipos, o que los gerentes son tan ineptos que pasan por alto esas pequeñeces, cuando en realidad el propósito de que todo el mundo sude y sude, se desmaye, se estrese y aflore el más profundo sentimiento de frustración por no poder respirar decentemente no es otro que el de sacarle el dulce, que no es igual a sacarle la piedra. Si se hace una proyección de lo que ocurre, hay que reconocer que la idea es brillante, ya que como valor agregado existe también una solución, por ejemplo, para esos momentos en que comprar azúcar es casi como comprar dólares en el mercado negro, pues con tanto mela’o en la piel bastará con meter el dedito en la taza para endulzar el café. ¡¡¡Y que no se diga que aquí hay fuga de cerebros!!! Me encanta mi Metro.
Y hablando de talento y dulzura en Venezuela, acompaña esta entrada Melao de caña interpretada por El Sonero del Mundo, Oscar D' León